Con su característico sombrero piri, Guido Penayo mostró su tatakua apo, desde Avaí, Caazapá, su tierra natal.
Llega Semana Santa, y el horno rústico tradicional paraguayo es infaltable en los hogares, pero, en casa de los abuelos, el tatakua es como el himno nacional: se respeta.
“Angirũ", no solamente utilizó el típico ladrillo para la elaboración de su chusco tatakua, sino también barro que mezcló con estiércol de vaca, acá en Paraguay y el guaraní se lo conoce como “vaca rekaka”.
Para muchos, el método usado por Penayo resultó un poco raro, pero para los conocedores de la gastronomía del campo, tiene una explicación.
“El estiércol de vaca tiene muchas fibras porque las mismas se alimentan de pastos y eso ayuda a que mezclando con el barro, le da firmeza, queda más dura y no se rompe fácilmente. Un ejemplo práctico: el pájaro Alonso (hornero) hace su hornito de barro, pasto y ramitas secas”, escribió Mamela Duarte a través de la página del cocinero.
O sea que el tatakua es más resistente y duradero.
“Le hace impermeable, porque si usás cemento explota con el fuego y chau horno”, comentó Kika Franco.