Mi vida había sido siempre tranquila y predecible. Me había casado con mi novio de la universidad, Alejandro, en el 2022, y siempre había pensado que él sería el hombre de mi vida por siempre. Sin embargo, todo cambió cuando decidí volver a estudiar en la facultad.
Allí conocí a Julián y mi vida se convirtió en un torbellino de emociones y decisiones difíciles. Éramos nuevos en la carrera y nos sentamos juntos desde la primera clase.
Compartimos notas, estudiábamos juntos y nos apoyábamos mutuamente en los momentos difíciles. Me gustaba su sonrisa, su forma de reír y su manera de explicar las cosas de una forma tan clara y sencilla. Intenté ignorar los sentimientos que había comenzado a sentir por él, pero era imposible.
La conexión era demasiado fuerte, y pronto nos dimos cuenta de que estábamos enamorados.
Nuestra relación había sido clandestina desde el principio. Me sentía culpable por engañar a mi esposo, pero no podía evitar los sentimientos que tenía por Julián.
Habíamos estado juntos durante más de un año, y todo había sido perfecto. Hasta que un día, mi esposo nos descubrió abrazados en un café.
Me sentí como si hubiera sido golpeada por un rayo. Alejandro estaba enfurecido, y con razón. Me había pillado in fraganti, y no había forma de negar lo que estaba pasando.
Me disculpé, pero Alejandro no quería escuchar. Me echó de la casa y me vi obligada a volver a la casa de mis padres, hacia el sur del país.
Ahora, me encuentro en el limbo. Puedo pedir perdón a Alejandro y volver a la casa, o seguir adelante con una nueva vida, sin esposo ni amante.
La idea de pedir perdón a Alejandro me parece imposible. Me siento demasiado culpable por lo que hice.
Por otro lado, la idea de seguir adelante con una nueva vida me aterra. No sé cómo enfrentar esta nueva realidad.
He pasado días y noches pensando en mi situación. No actué bien, es obvio. Me siento como si estuviera en un laberinto, sin salida. No sé qué hacer y no sé a quién recurrir.
Mis padres me apoyan, pero no pueden entender por qué engañé a mi esposo y tampoco yo, solo sucedió. Mis amigos me juzgan, y no pueden creer que haya sido capaz de hacer algo tan horrible.
Me siento como en un pozo profundo, difícil de salir. No puedo “apagar” mi cerebro.
No me atrevo ni a retirar mis cosas de lo que un día fue mi casa. No paro de llorar y me pasan muchas cosas malas por la cabeza. Creo que perdí mi valor como persona.
La respuesta: